lunes, mayo 23, 2016

lunes, abril 25, 2016

Lo que yo conté en Los libros repentinos lo encuentro hoy en este artículo: El barrio más pobre de España. 
Muy sorprendido por las coincidencias.
No conozco al redactor, si es de Sevilla o de fuera, pero supongo que se lo van a merendar porque a nadie le gusta que se hable de ciertas cosas en la ciudad, todo lo cubre la purpurina del turismo y la prosperidad mediana. Ya imagino los discursos que se irán formando, criminalizando la pobreza, diciendo que tienen lo que se merecen y que otros con peores circunstancias consiguieron salir adelante, etc.
También esas frases forman parte de la cultura del gueto.

martes, abril 12, 2016

lunes, abril 04, 2016


Literatura de no ficción.

lunes, enero 11, 2016

No escribir.
No escribir.
No escribir.
No hacerlo sin ganas, sin tiempo, sin pulso. Mejor no hacerlo, nadie lo pide, no es una exigencia.
Y dejar de lamentarte por lo contrario. Tu tiempo (el tuyo) es de los niños, de tu mujer y del mar, que acude cada tanto.

lunes, noviembre 30, 2015

Valencia, librería Ramón Llull. Fue este sábado, con lectores parlanchines que escuchaban muy atentos, sentados al borde de la silla y deseando levantar el dedo. Alguna vez he dicho que esto de las presentaciones de los libros es cosa extraña, hablar de lo que no existe, darle vueltas a un rectángulo que pudiera estar lleno de letras impresas o pudiera también no estarlo; los libros no son música que se interpreta, no es una película que se ve en un rato, presentar un libro es enseñar poco y hablar demasiado; yo siempre hablo demasiado, y demasiado rápido. Al final tengo la sensación continua de que dije más de lo necesario, sobre el libro y sobre otras cosas, como cuando cenas con amigos y bebes y hablas y hablas, y a la mañana siguiente sientes una pizca de vergüenza no por haber dicho nada concreto, sino por haber dicho tanto. Pero los lectores de la Llul eran pacientes y apasionados, y me escucharon, yo también los escuché a ellos, es tan simple a veces esto de los libros. Simple para aquel a  quien no le va la vida en ello, como a mí no me va; en cambio para los libreros es la exploración del desierto, los libreros como los de la Ramón Llull se merecen todos nuestros libros, y libros mejores que los nuestros, es el heroísmo, la resistencia final contra tantos enemigos, los libreros -pocos- que permanecen. Es muy hermosa la librería Ramón Llull, amplia, ordenada con criterio privado, con títulos que te van buscando los ojos. Entran ganas de escribir para llegar a ese albergue.
Pero no lo hago. No.
Me quedo quieto y frío, me busco las excusas y el cansancio. En noviembre el mar ha pegado a diario, olas suaves para el nueve pies, el viento del noreste, el deslizamiento tan fácil, el calor de préstamo; esta semana vuelven las olas, tendré otra escapatoria que me permita no sentarme, no abrir el cuadarno, no pensar demasiado en las cosas que dejo.

lunes, noviembre 09, 2015

 En casa al fin.
Será una fiesta.