lunes, enero 11, 2016

No escribir.
No escribir.
No escribir.
No hacerlo sin ganas, sin tiempo, sin pulso. Mejor no hacerlo, nadie lo pide, no es una exigencia.
Y dejar de lamentarte por lo contrario. Tu tiempo (el tuyo) es de los niños, de tu mujer y del mar, que acude cada tanto.

lunes, noviembre 30, 2015

Valencia, librería Ramón Llull. Fue este sábado, con lectores parlanchines que escuchaban muy atentos, sentados al borde de la silla y deseando levantar el dedo. Alguna vez he dicho que esto de las presentaciones de los libros es cosa extraña, hablar de lo que no existe, darle vueltas a un rectángulo que pudiera estar lleno de letras impresas o pudiera también no estarlo; los libros no son música que se interpreta, no es una película que se ve en un rato, presentar un libro es enseñar poco y hablar demasiado; yo siempre hablo demasiado, y demasiado rápido. Al final tengo la sensación continua de que dije más de lo necesario, sobre el libro y sobre otras cosas, como cuando cenas con amigos y bebes y hablas y hablas, y a la mañana siguiente sientes una pizca de vergüenza no por haber dicho nada concreto, sino por haber dicho tanto. Pero los lectores de la Llul eran pacientes y apasionados, y me escucharon, yo también los escuché a ellos, es tan simple a veces esto de los libros. Simple para aquel a  quien no le va la vida en ello, como a mí no me va; en cambio para los libreros es la exploración del desierto, los libreros como los de la Ramón Llull se merecen todos nuestros libros, y libros mejores que los nuestros, es el heroísmo, la resistencia final contra tantos enemigos, los libreros -pocos- que permanecen. Es muy hermosa la librería Ramón Llull, amplia, ordenada con criterio privado, con títulos que te van buscando los ojos. Entran ganas de escribir para llegar a ese albergue.
Pero no lo hago. No.
Me quedo quieto y frío, me busco las excusas y el cansancio. En noviembre el mar ha pegado a diario, olas suaves para el nueve pies, el viento del noreste, el deslizamiento tan fácil, el calor de préstamo; esta semana vuelven las olas, tendré otra escapatoria que me permita no sentarme, no abrir el cuadarno, no pensar demasiado en las cosas que dejo.

lunes, noviembre 09, 2015

 En casa al fin.
Será una fiesta.

lunes, noviembre 02, 2015

En Cádiz, este miércoles, cuando el temporal se haya marchado.
Centro Cultural Reina Sofía, 19.30h.


viernes, octubre 16, 2015

Demasiados temporales de sur, uno le sigue a otro.
El sur es un viento blando y mojado, revuelve pero no enrasa. Las predicciones son mentirosas, el océano es una moqueta. Bruma. Hace unos días cayeron bombas de dos metros en la playa de las casas de los ricos, agujeros al vacío, no es lo que yo busco. Soy lento y ansioso, no quiero bucear, quiero caricias, ya tengo esa edad -tengo esa edad desde hace tiempo, quizá desde siempre- pero aun así me sentí bien allí dentro, deslizándome con vértigo y contemplando la loma de aquellas casas inalcanzables, vidas inalcanzables, vidas que te vienen de nacimiento, las piscinas como mosaicos abiertos al mar, el dulce capitalismo del buen gusto.
Leo de un soplo Capitalismo canalla, de César Rendueles, colmo el libro de subrayados. Podría ser una adenda de El Establishment, de Owen Jones. Igual que Jones, Rendueles escribe desde la primera persona, lejos de los formalismos del género, muy lejos de la perspectiva hostil del profesor universitario. Es divertido, es doloroso, es inteligente: por las ideas y por el estilo, mejor por la actitud. En las reseñas se dice que Rendueles revisa algunos conceptos económicos e históricos del capitalismo a través de una selección de textos literarios, y es verdad, eso hace. Pero hace más cosas: impugna, señala, contiene una renuncia. Rendueles pelea bien pero sabe que hasta la literatura la tiene en contra. Es un libro magnífico.
Hoy los dos pronósticos son hostiles: el de las cosas del mar y de las cosas del dinero. Mientras, durante todo el invierno las depuradoras de aquellas piscinas impecables seguirán funcionando tres veces al día para mantener oxigenada el agua de la pecera donde nadie volverá a jugar hasta el verano que viene.

miércoles, octubre 07, 2015

Juguete nuevo, pies nuevos, nueve pies.

lunes, septiembre 21, 2015

Hay en Alemania una porción de profesores y estudiantes de románicas que leyeron Democracia y Los libros repentinos. Hace unos días estuve con ellos, hablando con la lentitud de quien no siente la urgencia de las novedades literarias ni pretende situar ningún título en ninguna escala del mérito. Son hospitalarios, son curiosos, escuchan con atención y se divierten con las anécdotas que les cuento, y me las intercambian por otras de la RDA, llevamos al diván de la terapia a nuestros países y sentimos hacia ambos un poco de pena, igual que hacia un padre o una madre ya mayor a quien se visita los domingos y descubres que en la nevera sigue la misma comida de la semana pasada, que hace meses que nadie limpia la cocina (y tú tampoco lo harás), que no se lavó el pelo (y tú tampoco la llevarás al baño), que sobra tiempo o faltan ganas y fuerzas para que las cosas fueran de otro modo. Cenamos en un apartamento hermoso, un ático en uno de los viejos bloques soviéticos, con cristales abiertos hacia las avenidas del ensanche y los planes quinquenales, como si fuera una película donde nada ocurre en apariencia, pero sí ocurre. Las calles de Berlín en septiembre también son así, suaves e inactivas, siempre es domingo por la mañana aunque lunes o viernes.