martes, febrero 07, 2012

Recojo a Elena de la guardería, llego tarde -siempre-, a ella no le importa, bate palmas, nos besamos, salimos a la calle, corremos al coche, arrancamos, vemos sobre la tapa de un contenedor
un yonqui
sobre el yonqui
un sombrero de cowboy
sobre el sombrero
una iguana gigantesca.
No me invento nada, me falta imaginación para eso, Elena observa desde la ventana con ojos redondos, yo esquivo un bordillo, imagino a un escritor naturalista que echa el freno de mano, hurga en la guantera buscando un bolígrafo para escribir en el reverso del manual del conductor, yo no soy un escritor naturalista, yo guardo esa imagen como jpg pero prometo no utilizarla jamás porque resultaría tan falsa y tan hipérbole, se derraman muchas conjeturas acerca ficción-novela-realidad-etc., pero resultaría tan aburrido y evidente ponerlas por escrito, llegamos a casa, Elena ya lo ha olvidado y quiere jugar con la casa de campo de los clics, su mundo funciona con miniaturas, el mío también,
sobre el contenedor
un yonqui
sobre el yonqui
un sombrero de cowboy
sobre el sombrero
una iguana

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Me he terminado 'Ensimismada'. Mi cuento preferido por siempre jamás será el que da título al libro. ¿Quién no querría exorcizar sus demonios antiguos en una carta y quedar libre?

Un abrazo!!!!!
Sonsoles

Blumm dijo...

Faulkner & Faulkner trabajaba así también, con jpg. Eso leí un día y lo que leo me lo creo...

NáN dijo...

De lo que se deduce que solo las iguanas no soportan peso alguno.

Pablo Gutiérrez dijo...

La iguana era Atlas, y soportaba nuestras miradas.