lunes, abril 09, 2012

Cuando está contenta por cualquier motivo, pero sólo cuando está muy-muy contenta, camina de puntillas dando saltos como si los zapatos le quedaran pequeños. El motivo de ayer es que repentinamente es verano y océano azul y escapar de las olas en la orilla e incluso permitirme un instante de traje de goma y brincar (muy poco) como hace tiempo que no, olas tersas y huecas sobre la piedra, los muchachos se volcaban dentro con caras de bulldog, en el descampado a ellos les esperan las furgonetas y las cámaras zoom, a mí una niña que devora todos los bocadillos y las tartas de chocolate y las tortitas mexicanas y las energías y los minutos, ay, hasta que al fin duerme, rendida, durante doce horas, como una batería de litio que se recarga sólo para volver a empezar, como el verano prematuro, que ya empieza tan disponible para nosotros.

5 comentarios:

Enrique dijo...

Ríete, niña,
que te traigo la luna
cuando sea precisa.

Blumm dijo...

Queda muy mal decirlo aquí pero alucino con tu sintaxis de ribetes semánticos. Es fascinante.
Vaya, lo que he dicho.
La niña, tu hija, que ya quiere nadar pero le da miedo.

Diva Calva dijo...

Doce horas? Qué suerte!

Pablo Gutiérrez dijo...

Mucha suerte. Y cuando se levanta sólo quiere besos.

Portorosa dijo...

Es un placer leerte aquí.

Leí hace más de un año, bien aconsejado por Lara Moreno, "Nada es crucial"; y me gustó, pero te confieso que, después de aquellas peleas entre el niño acogido y los tres hermanos, sobre todo después de que contaras que el pequeño había quedado hecho un bulto sanguinolento (¡Dios, me sentó tan mal imaginármelo!), me reconforta ver tu foto con tu hija y que cuentes cosas cariñosas de ella.

Debo de ser mal lector :)

Un saludo.