martes, enero 09, 2007

Me siguen desde hace tanto
que me acostumbré a su oscuridad en mi espalda.
Se mueven con especial sigilo
a pesar de las camisas empapadas de sudor americano,
las gotas de manteca en los labios,
la sombra azul de sus rostros.

Juegan a asustarme si no les presto atención.
Se bajan los pantalones para amedrentar con sus gusanos
a las señoritas recién llegadas a la ciudad.
Quieren tocarme.
Infectarme.
Porque piensan que soy uno de ellos.
Que tarde o temprano dejaré que mi cuerpo crezca
y que caigan mis babas.
Eso piensan.

Se equivocan.
No saben que soy pequeño e inmenso como el oxígeno.
Que calzo las sandalias del divino Mercurio.
En mí los bosques fríos, los hielos blandos -y lo ignoran-.
En mí los helados deseos de sus esposas.
En mí las velas de una flota naufragada,
las nalgas de una indígena que mastica medicina.

Pero no cejarán.
Esperarán a que me distraiga,
a que piense en las cosas nocivas que abren huecos dentro de mí.
Podrán cebos, trampas, lazos.
Quemarán las esquinas del bosque,
caminarán en círculos, cargarán pesadas hoces
y las harán sonar contra los troncos calcinados.
Mis sandalias aletearán como pájaros capturados, entonces.

Aprieto el acelerador.
El coche trepa entre las montañas.
La carretera se estrecha.
Detrás de mí los veo agitar sus antorchas,
conjurarse, maldecirme, prometerme que llegará el día
en el que amablemente veré crecer barba azul en mis mejillas,
y mis camisas se volverán de plástico
y gotas de manteca formarán collares en mi garganta rebanada.

Sucederá, gritan, sucederá.
No en vano conocen bien su oficio.

3 comentarios:

nán dijo...

Es bello, Pablo. Lo bastante críptico y universal como para que cada uno lo particularice.

Cuando lees un poema y te dices "anda, si eso me suena que me pasó, lo sentí, lo vi en un amigo", es que el poema está bien.

Y te voy a decir más: he perdido hasta la camisa en apuestas de estas, pero apuesto que nunca te van a coger.

Lara dijo...

Yo apuesto a que lo cogen y él bosteza como un minúsculo goliat y estira las cuerdas hasta liberar sus dientes, clac clac clac, que me parece mucho más emocionante.

Ganas de leer con detenimiento todo lo que me falta por leerte.

Ur dijo...

¿Podrán? cebos, trampas, lazos.

Sin título, sin nombre, aún dan más miedo esos sacamantecas.