jueves, junio 18, 2015

En el periódico: “Compañías financieras y despachos de abogados británicos de élite aplican exámenes de elitismo en sus selecciones de personal, que impiden el acceso de profesionales de clase trabajadora a puestos clave, perpetuando la división social.” El País, lunes.

La cita es el reflejo de las cosas que cuento desde Nada es crucial hasta Los libros repentinos: el inmovilismo, el determinismo social. Teoría de lo evidente, teoría del barrio, los barrios.
En El Establishment, Owen Jones señala con el dedo y anota: cuántos miembros del parlamento estudiaron en colegios privados cuyas facturas corresponden con el patrimonio vital de una familia de clase media; quiero decir con el dinero que podría manejar una familia a lo largo de toda su vida, desde el nacimiento hasta la muerte, ese dinero amontonado sobre la factura de los estudios de su hijo predilecto.

En la radio: escucho una larga conversación pedagógica acerca de lo beneficioso que resulta enviar a tus hijos a un campamento de verano. Los que hablan ni siquiera llegan a pensar que su mundo, ese mundo en el que puedes pagarle a tu hijo un campamento, es una cápsula de protección y confort donde sólo habitan los tuyos, a los que correspondes, los de tu etnia. 

En el examen de selectividad de este año, lunes: todos los estudiantes andaluces de bachillerato, todos, también los que estudian en colegios del Opus y Brains, aquellos que pasarán el verano en casa y aquellos que se irán a Irlanda a un campamento bilingüe, leyeron esto:

EL PRESO: Usted no es proletario.
MAX: Yo soy el dolor de un mal sueño.
EL PRESO: Parece usted un hombre de luces. Su hablar es como de otros tiempos.
MAX: Yo soy un poeta ciego.
EL PRESO: ¡No es pequeña desgracia! En España el trabajo y la inteligencia siempre se han visto menospreciados. Aquí todo lo manda el dinero.

La siguiente réplica ya no aparecía en la fotocopia. Max dice: “Hay que establecer la guillotina eléctrica en la Puerta del Sol.”

Me estremezco.
De verdad, tiemblo al ver el examen.
Llevo tres años hablando de esta profecía de Valle-Inclán.
He utilizado esta frase en todas mis lecturas, presentaciones, cosas.
Los libros repentinos le debe más a esta frase que a mi imaginación o a mi ingenio.
Es la frase redonda y perfecta de Valle, la frase revolucionaria de la hoz y la viñeta, de la comedia (el uso del adjetivo “eléctrica” contiene toda una teoría acerca de la comedia y el esperpento) y de lo que no se dice en serio pero quiere que se entienda en serio. La actitud con la escribo mis cosas, y que apenas se me entiende.
Las tijeras del que preparaba el examen se detuvieron justo ahí, dejando la frase fuera del rectángulo.

Mis alumnos estaban entusiasmados, conocían el texto de memoria, lo habíamos deglutido en clase línea por línea. “¿Cómo sabías que iba a caer, predices el futuro?” Sólo un poco, les contesto. Apenas hasta el corte de esas tijeras.

6 comentarios:

Blumm dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

La nueva alcaldesa de Madrid está retirando y acosando a los mendigos en varios distritos. Casi todos los dirigentes del PSOE, por ejemplo, llevan a sus hijos a colegios privados de élite y a carisimas universidades inglesas o norteamericanas. ¿Por qué será?

Píramo dijo...

Hola, Pablo. Como no sé cómo contactar contigo, te mando el enlace de la reseña que he publicado en mi columna semanal del Diari de Tarragona sobre tu úlitmo libro. Deseo que te guste:

http://cesotodoydejemefb.blogspot.com.es/2015/06/290-los-libros-repentinos.html

Pablo Gutiérrez dijo...

Soy el visitante más infiel de esta página. Siento mucho la tardanza, acabo de visitar el enlace, muchas gracias por la lectura tan atenta, por el afecto. Abrazos.
Sobre el comentario borrado por su autor: creo que recordar que el reproche consistía en el desdén con el que yo hablaba del Opus, así sin apellidos. Y creo que era la segunda mención al asunto, realizada (entiendo) por alguien que está/estuvo dentro de esa organización cuyos miembros evitan nombrar, evitan identificarse como tales delante de personas ajenas, y que cuando necesitan referirse a ella dicen "La Obra", y también esquivan el CN, porque una de las normas del club de la lucha es que no se habla del club de la lucha, y eso todo el mundo lo sabe, y las razones son evidentes.

moonriver dijo...

Tengo que leer a Valle Inclán, lo sé, pero es que siempre he sido más de Unamuno y me dirás "Una cosa no quita la otra" y yo te contestaré "Ya, pero es que yo soy más de nivolas, que de esperpentos".
En fin, mis padres de clase media se gastaron los cuartos en que estudiara en una universidad privada. Mientras la mayoría de mis compañeros de clase se tomaban libremente una semana de vacaciones cuando les apetecía irse a esquiar a los Alpes o a desestresarse a Punta Cana, yo volvía a casa de mis padres y soñaba con que, algún día, yo también tendría dinero para hacer esas cosas.
Ahora que vivo mucho mejor que mis padres, pero mucho peor que mis ex compañeros de estudios universitarios, sé que hay cosas que nunca llegaré a hacer, por mucho dinero que llegue a tener.
Pero no era esto lo que quería decir, porque (casi) todo lo que quería decir al respecto, ya lo dije aquí: http://paranoiasdeunalunatica.blogspot.com.es/2013/12/hambre-iii.html

Pablo Gutiérrez dijo...

Y lo dijiste con estilo preciso. Un abrazo.

P