viernes, mayo 01, 2015
Ha cambiado el viento a las ocho, desde la terraza huele a mar y pesca; aun sin mirar los pronósticos sé que mañana se deslizará una ola suave sobre el rompiente. Es hermoso saberlo. Hermoso como un pequeño poema japonés; no, más hermoso que el poema, porque el poema es mentira y esto es cierto, el poema es literatura y esto es mecánica e hidráulica, ingeniería invisible, ausente de literatura.
lunes, abril 27, 2015
El sábado se publicó este artículo en Diario de Sevilla, Diario de Cádiz y algún otro. El lector de Ensimismada correspondencia (¿hubo alguno?) observará muchas similitudes con el relato titulado Razia. El cuento no termina, a veces la irritación es inmotivada, y otras veces tiene motivos sobrados.
Lorca vs. Queipo
La radio habla de Lorca. Durante unos
minutos desaparecen los desfalcos, los naufragios y los embajadores
llamados a consultas. Mágicamente afloraron unos documentos de 1965
en los que la policía franquista relata la detención y el asesinato
del poeta, acusado de masonería, izquierdismo y homosexualidad. Casi
como una excusa, el informe dice que Lorca confesó sus culpas.
El caso es bien conocido: previendo la
tragedia, Lorca se había refugiado en casa de Luis Rosales, poeta y
falangista, adonde fue a buscarlo Ramón Ruiz Alonso, que lo llevó
al Gobierno Civil de Granada. El comandante Valdés dio la orden de
su ejecución, no sin antes telefonear a Sevilla para obtener el
consentimiento del general Gonzalo Queipo de Llano. Imaginamos a
Valdés inseguro al tomar la decisión, sintiendo el pellizco de la
Historia. Queipo, borracho o no esa noche, respondió a la llamada de
Valdés con aquella frase infamante: “A ése dadle café, mucho
café”, que contenía el acrónimo
“Camaradas-Arriba-Falange-Española”. Para que se produjera el
resto sólo hizo falta un camión, un verdugo, un disparo y una fosa
excavada “a flor de tierra”, como dice poéticamente el informe
recién descubierto.
Todo esto lo cuenta Gibson y lo
cuentan otros, hay pocos episodios guerracivilescos mejor
documentados, no es noticioso. Lo sorprendente es que todavía en
1965 el régimen sufriera ataques de mala conciencia, y se
justificara a sí mismo con un texto redactado 29 años después de
los sucesos. ¿No lo ven?, Lorca confesó, él mismo sabía que se lo
merecía, viene a decir el informe. Mala conciencia y temor
histórico. Como el temor del propio Ruiz Alonso, quien poco después
de la muerte de Franco se fugó a Estados Unidos al sentir en la nuca
el aliento de la democracia.
Conocer las cosas demasiado tarde te
hace parecer un idiota, eres el último en enterarse. Provengo de una
familia cofrade y tradicionalista, he vivido muchos años en Sevilla
y sin embargo fue apenas hace cuatro o cinco que supe que la
hermandad de San Gonzalo, fundada en 1942, tomó su nombre de Gonzalo
Queipo de Llano, del mismo modo que la hermandad de Santa Genoveva
fue llamada así para congraciarse con su esposa, Genoveva Martí.
También sufrí por mi ignorancia cuando supe que Queipo yacía
enterrado en la basílica de la Macarena, y que hasta hace un
parpadeo la Virgen procesionaba con un fajín militar donado por el
general. En Sevilla, Queipo fue considerado un prócer; prócer y
latifundista que tomó sus tierras al asalto durante la conquista de
la Baja Andalucía, en un ejercicio de feudalismo del que esta tierra
nunca ha logrado desprenderse. También ha sido objeto de una
abundante hagiografía, demente y desmemoriada, e incluso de
ridículos poemas (Pemán). Uno de sus descendientes es diseñador de
campos de golf; el punto que faltaba para cerrar el ciclo del
esperpento.
Se habla de Lorca en la radio, y fue
la radio el medio que Queipo utilizó para amenazar a las mujeres de
los republicanos, contra quienes alentó la violación como arma de
guerra. Santos Juliá (Víctimas de la Guerra Civil, 1999)
cuenta que durante la toma de Sevilla fueron fusilados más de tres
mil opositores, y que muchos de ellos fueron emasculados a cuchillo
antes de recibir el tiro de gracia. Era el salvajismo medieval de
quien conquistaba su feudo, el que no entendía y no leía a los
poetas.
Lorca fue asesinado en el 36 dejando
acabada una obra inmortal, la mejor de las suyas, La casa de
Bernarda Alba. En una de las escenas finales, Angustias y Adela
discuten acerca del anillo de pedida. Se trata de un anillo de
perlas, y Adela dice que debería ser de diamantes, porque las perlas
significan lágrimas. Angustias dice que las cosas no significan
siempre lo mismo. Adela contesta que las cosas no cambian de
significado por capricho.
Lorca y Queipo son dos fuerzas
universales en combate continuo. Queipo, desde su tumba sacramentada,
arrimadita al altar; Lorca, desde un agujero perdido o desde ninguna
parte. No propongo que se remuevan los huesos de nadie, ya está
Cervantes sufriendo necrofilia por nuestro fetichismo. He vivido
durante siete años en una casa del Patronato que tenía en la puerta
una placa con el yugo y las flechas, y ahí sigue esa placa en su
sitio, tampoco estoy diciendo que nadie debiera arrancarla. Pero las
cosas significan lo que significan, y la figura de Queipo al pie de
la basílica es una profanación continua de la memoria, una ofensa
contra los devotos que veneran allí a sus titulares. Como
desagravio, propongo que un poeta joven suba al coro y lea desde
allí ciertos versos: “Puede el hombre, si quiere, conducir su
deseo / por vena de coral o celeste desnudo”. Porque Lorca quiso y
no pudo. Y porque en la biblioteca del instituto donde trabajo hay un
hueco, como un fosa, donde faltan los libros que no pudo escribir, no
le dejaron.
Pablo Gutiérrez
viernes, abril 24, 2015
Y ya casi no pienso en ello, pero si tuviera mucho dinero compraría todos los libros, todos, que no son tantos, los pondría en fila uno detrás de otro y los atravesaría con un dardo agudísimo que mandaría fabricar sólo para mi disfrute, los atravesaría justo en ese centímetro cuadrado donde reside la errata que, tienes razón, se agiganta, devora todo el libro, se burla de ti, sufro, pero ya casi no pienso en ello porque esta mañana había un mar de fondo blando y pleamar y apenas nadie en el agua, era la hora en la que la gente aún duerme o ya trabaja, y yo en cambio esquivo algunas obligaciones y me escurro allí dentro durante un lapso, apenas el pellizco necesario para seguir respirando, apnea, izquierdas y derechas azules, cerca había un barco faenando y los aviones de la base americana ya despiertos.
viernes, abril 17, 2015
Y ella también dijo hasta aquí podíamos llegar, que tampoco fue Pan, paz y tierra, pero a su manera sí fue una revolución pequeñita, una miniatura de decapitación con confeti, una decapitación hermosa, las únicas decapitaciones intangibles sin cesto ni cuchilla que la severa moral del humanismo nos permite. Esta foto es la imagen del amor.
viernes, abril 10, 2015
Lo trágico es abrir el libro aunque sabes que no deberías hacerlo, ni siquiera leyendo en
diagonal ni en zig zag, y reconfortarte con algunos párrafos y
recordar ciertas páginas que habías olvidado, pero entonces ocurre
que justo en medio de una frase, en el lugar más visible, aparece la
terrible errata, la errata gigante como una pirámide, rugosa, picuda, arrecife
de errata, y ni siquiera es una prep. que se hubiera escurrido o un
det. que resbaló y que se nota a las claras que sólo es un desliz,
no, en este caso el arrecife sobre el que caminas descalzo es un
verbo que (a)parece mal conjugado, un verbo irregular con el que
nunca, jamás, en la vida podrías cometer un error que no surge ni
siquiera en una conversación apresurada y que cualquier vistazo
detectaría, cuántas veces habrás pasado por esa página, tus ojos
y otros ojos, por esa frase, cuántas como para que midiera se
convirtiera en mediera (sic y
snif) y tú no te dieras cuentas, cómo es posible, y la
conjura, además, de que mediera corresponda a una palabra
real con entrada en el diccionario, mediera: persona que hace medias o que las vende, y por tanto resulta
indetectable, invisible, lo trágico es eso, y el libro se desliza y
quiero esconderlo, yo profesor de gramática y lengua y literatura y
perífrasis y verbos irregulares, mido mi miedo a la página ya
impresa e indestructible.
miércoles, abril 08, 2015
Ya es abril, todo comienza de nuevo, el
libro me tiembla en las manos y no lo reconozco, cometo el terrible
error, tan vanidoso, de leer el comienzo, alguna página más, y me
parece ajeno como una extremidad que se te queda dormida y parece la
mano de un muerto, olvidé las cosas que tenía en la cabeza cuando
comencé a escribirlo, las justificaciones, las ideas, los
presupuestos y los motivos, siempre importan los motivos, sin motivo
no hay nada, sin motivo sólo queda el ejercicio de sentarse a
escribir como el que se ejercita con cualquier otra habilidad
artesana o deportiva, y eso ya no sirve, hace tiempo que no sirve, ni
me sirve a mí ni le sirve a nadie, escribir (la gramática y el
tropo, la narratología) es fácil si tienes tiempo y nadaquehacer a
tu disposición, escribir así es muy fácil y yo lo he hecho durante
años, escribir hacia ninguna parte o acaso hacia el final del
documento, no más, sin motivo, quizá porque no hay niños en casa y
prefieres escribir a pensar que pierdes el tiempo sin fruto, y
entonces escribes pensado que es algo noble y fructuoso, cuando no es
así, cuando no es noble, cuando no da fruto, cuando descubres que te
devora y se alimenta de ti, el libro quiero decir, el libro se
alimenta de ti, también lo hacen los niños, dos, y también lo hace
el trabajo, uno, pero doscientos estudiantes, y hoy alguien me enseñó
unas fotos de un tipo que no conozco pero que como el personaje de
una novela, la mía y la primera, lo deja todo y se marcha lejos, a
Panamá, para vivir de lo puede y surfear olas cóncavas como naves de aqueos, y yo veo esas fotos y parecen de mentira porque
el tipo vuela sobre las rampas de agua y el tipo bucea con tortugas,
en serio, con tortugas gigantes y el tipo bucea al lado y se hace
fotos, y yo aquí varado esperando que termine el temporal de
levante, tan fierísimo, y que el viernes se abra un agujero y
aparezca al menos medio metro de cremalleras que me quiten esta
ansiedad porque entro a trabajar a las diez y la pleamar será a las
ocho y ellos, los doscientos, no lo sabrán pero yo les daré clase
otra vez con la sal pegada al cuerpo, la tabla en el coche y el olor del neopreno que sólo
yo percibo después de un baño de primera mañana, privado, no
panameño, sin tortugas ni beldades pero mío y sin libros
repentinos. Después, el lunes tendré que hablar de esos libros,
explicar el motivo, los bolígrafos harán clic. A ver qué se me
ocurre, a ver si recuerdo la causa. Había una, al principio. Había, ya lo recuerdo. Y era una buena causa. De las mejores. Era Reme, y su historia, las cosas que le ocurrieron. Y yo tenía que contarlo.
martes, febrero 10, 2015
Ayer entregué el sobre con las correcciones, fin del trabajo, al salir de la caverna la luz es demasiado intensa. Hoy hace dos años exactos desde la nota anterior, sin perseguir la coincidencia. Pienso que para escribir tanto y corregir tanto, con la angustia de la nocturnidad y las obligaciones, debe haber un motivo. No se escribe porque sí, no se escribe como terapia, no de este modo. Se escribe porque sostienes ese motivo con las manos, motivo en el doble sentido semántico, el motivo de la causa y el motivo de la labor del artesano, el lápiz.
En abril.
En abril.
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