viernes, mayo 09, 2008

lo que yo no sé decir casi siempre lo dijo otro [antes]

Mientras en tu oficina respiras, bostezas, te abandonas o dictas en tu clase una lección
ante extraños alumnos que fijamente te contemplan, con sueño aún en la temprana hora;
mientras hablas, mientras gesticulas en el café,
o inmóvil te concentras en la meditación
de tu escritorio, o echado en el hondo diván
repasas lentamente recuerdos de tu vida;
mientras quieto te abismas en la visión de la llanura interminable,
o mientras escribes una lenta palabra y te recreas en su dulce sonido en su amorosa realidad,
caes, estás cayendo hacia atrás por una quebrada del monte,
estás rodando entre piedras y cardos por la abrupta pendiente
hacia un barranco en el que corre un río,
rápido como el viento un río corre,
estás herido en la boca, en las manos, el pecho,
sangras por un oído, te despeñas por el farallón
cabeza abajo,
con las piernas en abierto compás,
hacia el fondo, ya con los huesos rotos,
crispadas mano y boca, hacia el abismo, abajo,
súbitamente próximo,
escribes la palabra lentamente, te concentras, murmuras,
en el café discutes muy despacio sonríes, adelantas una noble razón,
aduces un adorno, un tejido, un recamado oro,
hablando en la tarima de tu clase diserta,
donde todos están cabeza abajo.

Carlos Bousoño
Las monedas contra la losa (1973)

4 comentarios:

Lara dijo...

Ah, pero si la convalecencia (¿te comió una ola?) te ha servido para encontrar estos magníficos poemas, qué bien te vino y nos vino.
¿Cómo anda, P?
Aquí lluvia y viento, pero casa.
Beso.

Pablo dijo...

Casa, pero lluvia y viento acá (qué corteses, parecemos viejecitas poniendo un telgrama). La ola me comió y me vació.
Ya rehecho.
Casi.

Mar dijo...

Descubrir el truco
¡Ah!
Que no hay truco
Que no hay ilusión
Y seguir jugando
Mientras se acaba

Mar dijo...

¿Por qué tantos dedos en tantas llagas
si no es para detener hemorragias?