domingo, mayo 11, 2008

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El chaval llevaba puesta una pelliza que parecía el abriguito con el que las mamás visten a sus hijos para el belén viviente del colegio. Un mechón rojo y espeso le cruzaba la frente como llama de superhéroe. Debajo, dos ojos oscurísimos como de maquillaje le abotonaban las mejillas. La boca, delgada como un sobre, recosía un mentón peinado a la raya. Era guapo el chaval, parecía dibujado con un rotring.
El chaval se llamaba Onio, o Tono o Antonio.

La chica sólo era huesos y barriga picuda dentro de un abrigo de pelo. El viento le tiraba los rizos a la cara con mala idea. Entre los rizos salía una nariz redonda y unas ojeras excavadas con espátula. Los dedos daban golpecitos en la barriga, gomosa y tensa como tambor de tribu. Tenía fiereza la chica, calzaba un par de botas rojas y brillantes hasta la rodilla, parecía una dama de cómic.
La chica se llamaba Magui o Marga o Margarita.

Se daban la mano, sentados en el banco de plástico.
Esperaban el autobús radial.
El viento soplaba de las huertas.

2 comentarios:

Lara dijo...

¿Esto pertenece a algo?
¿Algo que se engendra o se engendró o se está?

Gusta, gusta, gusta.

Los veo.

Beso.

(telegrama: casa, dolor de tripa, feliz, a veces lluvia, a veces no, oh, pero ya domingo.)

Anónimo dijo...

Sí, ahí están. Los veo.