viernes, septiembre 21, 2007

Es tarde y suena el teléfono. Parece, de nuevo, literatura.
Cuando la gente dice la muerte es el final, definitiva, implacable, a todos nos llega el día olvida que es cierto.
"¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día,
las tristes azucenas letales de tus noches?"
Suena el teléfono y es bien tarde. La literatura sólo es un artefacto.
Pero, ¿a quién pedirle mejoras, razones, ingenios, un plan quinquenal? ¿Qué gobiernos, qué iglesias, qué ciencia?
Mi mujer y yo lloramos pero no lloramos.
Es el miedo ancho. No el lejano y ficticio miedo; es el que va en serio, el duro.
"qué niño idiota
hijo del odio y del dolor
hizo el mundo", tan reciente
El amor no sirve, no es su oficio. Deberíamos, en cambio, buscar distracciones y calmantes. No en vano a ella nada le dicen y, sedada e indiferente a lo suyo, ahora duerme, ella sí. Ya no es. Es la otra que azuza al otro que cada uno esconde. Todos los saben, a todos les pasa, yo también me eduqué en esto y ahora casi lo olvido.
Cuando la gente dice es el destino, ley de vida, no hay nada que hacer también olvida que es cierto.
Pero cuando la gente dice mejor así, ya no sufrirá más, descansa en paz, se fue con los suyos entonces no, entonces rabian y mienten y no saben lo que dicen y son largos enemigos de mis ojos cuando aquí, en mi cuaderno me hace sombra mi mujer que ni siquiera llora y pasan las horas y los dos seguimos desvelados.
La muerte es todas las metáforas, todos los comunes lugares. No hay ficción, es foso y fauce y fuego y lobo que hunde y hunde en ti su boca llena de nada. Ellos estallan y a los vivos se nos queda dentro el miedo,
un miedo que no sé quitarme.

4 comentarios:

La mujer dijo...

Ahora sí lloro al leerte. Por mi miedo que tú escribes tan bien.

El Amigo dijo...

La muerte no deja un vacío, sino un bulto lleno de recuerdos que cuesta deshacer, ordenar, dejar en el sitio adecuado para que la tarde vuelva a saber a tarde. El tiempo de luto es duro y necesario. La tristeza, a veces, es invencible. Depende de la soledad en que queda el solo.

Pero sé que el abrazo acaba valiendo, con el tiempo. Por eso os dejo el mío, aunque ahora parezca nada.

NáN

Pablo dijo...

Vale una mina. Gra-cias.

Lara dijo...

Y aquí otro, tarde, desconcertado.