miércoles, noviembre 15, 2006

decepción

En el espejo ovalado,
detrás del matrimonio Arnolfini
y el horrible perrito de aguas
y los simbólicos escarpines,
hay una inscripción que dice:
Van Dijk estuvo aquí.
Cuando lo leí en la guía del museo
casi tengo que sentarme.
Entonces, ¿se trataba de eso?
¿Lo mismo que cuando me subo al váter
del lavabo del cercanías
y blando un edding 3000
para caligrafiar mis iniciales?
¿A todos nos arañan los mismos dedos?
¿La misma mordida de evanescente vanidad?
¿La misma insoportable
visión de nuestros párpados cerrados
y el ahogado que bracea en el mar infinito
donde escribe y escribe
sin resultado
yo me ahogué aquí?

En la tienda compré una postal.
Ahora la llevo conmigo
para recordarme que soy aún más simple
de lo que pensaba.

4 comentarios:

nán dijo...

ten en cuenta que yo es oy, pero visto desde el otro lado (y si es en el espejo, oy es yo).

¿Eres el Pablo que es mi amigo en la página de Lara, precisamente porque opinamos lo contrario?

Pablo dijo...

Un poco confuso con tus yos y tus oys. Será por eso de que siempre me confundo en esos cruces que tiene un espejo delante para ver si viene alguien (suelo llevarme horas cediéndome a mí mismo el paso).

El que te dio lumbre en lo de Lara, sí. Feliz de verte por aquí. Permiso para descuartillizarme los textos a tu gusto.

Gracias por la visita. La próxima vez entra en la cocina y sírvete lo que quieras.

nán dijo...

Ah, Pablo, la cortesía para con uno mismo es el grado más exquisito de la civilización.
Seguro que en esas horas en las que te cedías el paso pasaste ratos de paz dulce y fructífera.

(Me tomé un té, pero lavé la taza y bajé la bolsita para tirarla en una papelera).

Gracias

Bicho dijo...

Sí, todos somos así de simples, por mucho que queramos complicarnos/complicarlo.