miércoles, noviembre 29, 2006

disociación

Tengo un sosias en el último curso de la secundaria obligatoria. Se parece tanto a mí que a veces cuando me siento le pido, ofendido, que se levante y vuelva a su sitio. Lee lo mismo que yo leía,
se peina igual de mal, se vanagloria del mismo modo de sus pequeños conocimientos y también le gusta –se nota- la rubita de la segunda fila.
Es sabido que los adolescentes mutan y replican, como bacilos, sobre nuestros cansados moldes, de manera que el hecho no debiera haberme inquietado si no hubiera observado últimamente que me detesta, que sufre con mis explicaciones, que le parecen absurdos mis ejemplos y desconsiderados los ejercicios que propongo. Arrogante y vano, de ningún modo trata de disimular el desapego con el que asiste a mis clases, en las que finge quedarse dormido y garabatea a posta pequeñas figuritas pornográficas en los márgenes de la novela de Baroja.
Por eso cada vez que miro su foto en el cuaderno me reafirmo en que debo volver a suspenderlo en septiembre y conseguir que no termine jamás el instituto, y se convierta en estibador o carpintero o contrabajista; cualquier cosa menos lo que soy.

5 comentarios:

nán dijo...

Comprendo que no te gustes a ti mismo. Es tu forma de no estar de acuerdo con los demás.

Pero ese chico, necesita desesperadamente que le ame esa rubita. Para que luego vaya todo bien. Necesita alternar Baroja con...

Necesitamos ser amados a los quince. No por lo que somos, sino por lo que podremos ser. La que te amó a ti, ¿su cabello era rubio? ¿O moreno?

Pablo dijo...

Sólo recuerdo que tenía ojos de luciérnaga.

NáN dijo...

las luces. Sí. Están saliendo mucho por todas partes.

Ojalá te dejara luz suficiente, de luciérnaga, para ver todas las maravillas pequeñitas (de las pocas que han dejado sobrevivir) que andan por ahí, solas, en busca de ojos.

Y que tengas otros fuegos grandes que te ayuden a descubrir lo enorme.

gael dijo...

Pablo, hay una función de teatro que se llama "El chico de la última fila" es de Juan Mayorga y se estrenó en Madrid en el Festival de Otoño, si algún día tienes oportunidad de verla o casi mejor leerla te resonará lo que cuentas en tu entrada. Cuidado con esos espejos dejà vú. Acabo de ver tu lado carnal. Hasta ahora encontraba arrogancia y mar. No lo vas a suspender por él. ¿ A que no? Besos. Siempre E.

Pablo dijo...

Gracias por la referencia, G. Vi la obra en el Arriaga de Bilbao, en octubre, después de escribir esta pequeña nota en un cuaderno. Algo tienen que en común, cierto. Resuena, como dices. Asumo lo de la arrogancia como un cumplido. Y, estimado G, mi lado carnal es tan grueso que se pueden hacer filetes, créeme.