jueves, noviembre 23, 2006

El verano había reventado los vidrios de los ojos
con vientres opalinos y hombros atravesados de clavículas finas
como varas de bambú.
Yo custodiaba una caja de apertura retardada
que nos habría dado diez minutos de intimidad
si ella no hubiera venido,
simplemente, a pagar el recibo de la luz.
No guardaba ningún revólver
en el pequeño bolso de hilos de colores
y espejuelos como quincalla
con la que engañar a los indios,
sino apenas una cartilla de ahorros,
las llaves de un coche que se la llevaría lejos
y una cartera con fotografías de niños rubios en primer plano
y flores y palomas y una fuente de piedra al fondo.

De súbito, idiota me volví
cuando su vestido de rayas
dio dos pasos decididos
hacia mi ventanilla.

De súbdito idiota, obediente,
buey, grey, sumiso bajo su corona de estrellas,
fue la sonrisa de treinta y seis piezas dentales
con la que vulgarmente exhibí
mi plebeya condición.
Se portó como una madama
de altísimas agujas y modales exquisitos,
de las que sin decir mucho
basta para que entiendas
el tamaño de las fosas abisales
que la separan de ti.

Dijo buenos días, me devolvió el bolígrafo, en fin.
No tenía nada que reprocharle.
Pero al despedirse enarcó una ceja
como encendiendo los ciscos
que dejaba, deshechos, detrás del cristal blindado.

Me bastó con eso.
Consciente de la infinita crueldad que
se esconde en materias tan comunes,
decidí cobrarme una pequeña venganza,
desfalcando una mínima cantidad de su cuenta a la mía.

Y ahora, cuando un vestido de rayas
con una mujer dentro
elige insensiblemente mi ventanilla
ya no tengo que correr a casa
y esconder la cabeza en la almohada
y escuchar a la que se casó conmigo diciendo
mil veces
qué te pasa.

Con vientres opalinos y clavículas finas como varas de bambú
había reventado los vidrios de los ojos el verano.

10 comentarios:

Lara dijo...

Qué pregunta terrible que uno se empeña en repetir mil veces y sólo en una de ellas obtiene el resultado letal.

Lara dijo...

Y por cierto, aunque no es el sitio, pero cómo engancha la rapidez...

¿Recibiste mail con invitación?

Anda, por fa...

Pablo dijo...

Recibida invitación, muy-muy agradecido. En cuanto me entere realmente de cómo funciona, sabréis de mí. Intentaré no ponerme demasiado pesado.
Y sí, la rapidez de lo-pienso-y-aparece, asusta.

Anónimo dijo...

No ocupes mi trocito de playa, que está gafao.

Lara dijo...

1. no lo está.

2. ibais a ser compañeros, si no te hubieras ido.

3. ninguna de las cosas dichas anteriormente es un reproche.

4. estoy deseando dejar de trabajar tanto como ahora para no poder dejar notas en los blogs un sábado a las 21:03.

Pablo dijo...

Confuso. ¿Comentario dirigido a "anónimo dijo"?

Lara dijo...

5. sí.

6. beso.

Lara dijo...

7. porque eres listo y claro que lo pillas, pero el anónimo es Nán. Por si acaso pensabas que era alguien a quien le robabas las olas.

Anónimo dijo...

¿Quién dijo reproche (o sea doble proche)? Me encanta que vaya a las playas.
Era broma lo del gafe. (¿O no tanto?) Y no me he ido, como veis. Me he apartado pero somos compañeros. Os miro, os veo, digo hola (y me voy a por rlc a ver si se sienta de una puta vez a hacer lo que le prometió a isob).
Yo también llevo todo el día trabajando con el lápizo rojo y mañana igual. De lunes a viernes con M, y otra vez igual el fin de semana siguiente.

Bueno, no voy a mentir: la mañana, de once a dos, acudí a una llamada que me ha dejado dulce y viéndolo todo con esa neblina de nostalgia que usaban en los años sesenta en las pelis. El pecho me hacía pataplof.
A las dos, encuentro con mi hijo en Lardosa para dos pintas de guiness y comer juntos en Ojalá. Al volver me dijo algo que compensa tantas cosas y es tan bueno que cuando L me llamó desde Venecia no se lo conté. Hay cosas que a la cara o nada.

Hasta las 3:30, que aunque algo bebidillo me tuve que poner a trabajar. Y a alguien tengo que contárselo sin decírselo. Y os ha tocado.

Pero mi trocito, de verdad, está gafáo, está gafao. O yo estoy loco, que también puede ser.

No he puesto números, joder, con lo que aclaran (y no os pienso decir quién soy).

Os deseo, si, buenísimas noches cuando os toque, dulces gentes del sur.

Lara dijo...

Y pico de curiosidad y de alegría por vosotros, sea lo que sea.

Lo del reproche no lo decía por lo que tú le decías a P, sino por lo que yo te decía a ti (lo de que si no te hubieras ido etc).

Sigo.

Boli rojo, boli verde. (Gracias por acompañarme.)

A Theroux pocas sugerencias puedo hacerle.

Buenas noches, sí.